Cristina Borrull Pérez, nacida en Sant Carles de la Ràpita (Tarragona) el 14 de mayo de 1995, es nuestra enóloga. Lleva trabajando en Celler Piñol desde el año 2019, al poco de acabar la carrera. Estudió un grado en enología por la Universitat Rovira i Virgili (URV) y ha trabajado a la Bodega Marimar Estate de California (Estados Unidos) y en el Celler Alta Alella Mirgin, en el Maresme. ¡Ah! Y se declara una apasionada de los olores y la química.

¿Por qué decidiste trabajar en Celler Piñol?

Yo estaba trabajando en la zona de Barcelona, en el Celler Alta Alella Mirgin, pero no tenían un puesto de trabajo para mí en aquel momento. Cuando me quedé sin trabajo hablé con un contacto que tengo en Sant Carles de la Ràpita, que es comercial de vinos y que conoce mucho a Juanjo [Galcera Piñol, el director]. Juanjo necesitaba la incorporación inmediata de una enóloga y contactaron conmigo directamente. Hice la entrevista y fui la escogida.

¿Podrías explicar a qué se dedica una enóloga?

Me dedico al control de la calidad del vino: desde trabajar en la viña para hacer controles de maduración, hasta la uva que entra en la vendimia, hasta el producto final.

¿A qué te refieres cuando hablas del control de la viña?

Quiere decir mirar que las cepas estén sanas, calcular cuántos kilos más o menos te saldrán cada año… Y, en la época de vendimiar, mirar el grado de alcohol probable que tiene aquella uva para ti. También escoger qué día harás la vendimia, porque depende del producto final que quieras hacer, lo vendimias antes o después, porque hay variedades tempranas y variedades más tardías.

¿Por ejemplo?

Si quiero hacer un vino dulce, tendré que vendimiar algo más tarde para que la uva tenga más concentrado de azúcar, pero si quiero hacer un vino joven puedo cosechar antes la uva, pero sin que esté muy verde, sino en un punto de maduración óptima.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Cuando hacemos las sesiones de cata y decidimos el coupage de los vinos de la añada. Elegir una mezcla del producto final que quieres hacer con las variedades adecuadas.

¿Cómo valorarías tu experiencia en Celler Piñol?

¡Muy positiva! Estoy aprendiendo mucho. Yo estoy como enóloga principal, pero también tenemos un asesor, Toni Coca, que es un muy buen enólogo, y a su lado aprendo todo aquello que no sé hacer. Entonces, si tengo dudas, siempre lo puedo llamar. Formamos un buen equipo, los dos.

¿Algo que te haya sorprendido de los vinos de Celler Piñol?

Sí. Mi experiencia empezó en los Estados Unidos en la zona de California y trabajé con variedades como Chardonnay o Pinot Noir. Después, en Alella, trabajé con Xarel·lo que es Pansa Blanca, y también hice cava. Aquí estoy haciendo mucho más vinos tintos y he trabajado con una variedad que no había trabajado nunca que es el Morenillo. Esta variedad me ha sorprendido porque es diferente de las otras que yo había trabajado.

¿Qué tiene de especial?

Es una variedad autóctona de la zona [la Terra Alta] recuperada. Nosotros, con Celler Piñol, embotellamos la primera botella el 2009. Es la variedad que más me ha sorprendido. Nosotros comparamos la variedad Morenillo con un Pinot Noir. Tiene un tanino muy maduro, es súper elegante, súper fino y tiene notas a chocolate, fresa (con nata incluso) y de higo maduro. Es de viñas muy viejas. Los granos de uva son muy grandes, casi no tienen problemas de hongos que puedan afectar a la viña porque la piel es tan dura que se protege mejor. La garnacha blanca también me ha sorprendido, es la variedad que se trabaja en la DO Terra Alta y nos gustaría que tuviera el distintivo de calidad.

¿Tienes algún vino preferido del Celler?

Tengo dos. Uno blanco y uno tinto. El blanco es el Ànima de l’Avi Arrufí, porque está hecho con garnacha blanca 100% de viñas muy viejas. Se hace la vinificación en acero inoxidable, pero después la crianza la hace dentro de un huevo de cemento. Para mí es esto lo que lo hace diferente, porque todos los otros vinos son mucho más clásicos y este es algo más moderno. Representa mucho el terroir de la zona de la Terra Alta.

¿Y el tinto?

El Sa Natura, que es un vino ecológico, el primero de la Terra Alta. Celler Piñol fuimos pioneros en entrar en el mundo ecológico. También me gusta por las notas que me aporta este vino, que son más cítricas, como de limón, y florales. Es un vino diferente de la línea clásica que hemos seguido. Un vino ecológico quiere decir que a la viña no le añades productos químicos y sólo puedes poner sulfuros y cobre. Hay unos rangos establecidos y sólo puedes añadir hasta un límite.

¿De qué manera el clima de la Terra Alta afecta a las viñas?

Que la viña sea de mucha calidad en la Terra Alta es porque hay un contraste térmico: durante el día hace mucho calor y por la noche mucho frío. Este contraste es el que hace madurar la viña correctamente. Porque si hiciera mucho calor la podría quemar y si hiciera demasiado frío se helaría y tampoco crecería bien. Así que este contraste es óptimo: mucho calor por la mañana y frío por la noche, cuando la planta se recupera.

¿Cuál es, para ti, el vino que representa más la tradición de Celler Piñol?

Todos nuestros vinos tienen nombres de antepasados y creo que el vino que mejor lo representa es el Avi Arrufí blanco, garnacha blanca, porque fue el primer vino en embotellarse en nuestra bodega, en 1995. Antes se hacía a granel, mucha cantidad pero poca calidad, y ahora se hace para tener menos cantidad y más calidad. La primera botella fue embotellada por Josefina Piñol.

¿Cómo crees que se adaptará al futuro el Celler?

Quizás trabajemos con todos los vinos ecológicos. También optaremos para tener vinos veganos. Creo que el futuro es ecofriendly.

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